Me llamaron una mañana para decirme que había ganado un importante concurso. Un concurso divino.
Esto es, los Dioses me obsequiaron con 24h para hacer un cambio, para corregir mis defectos y dejar de ser tan desquiciante como soy hasta para mí misma. E iba a ser un cambio para siempre, una pequeña solución a la promesa que había estado haciéndome como se hacen miles de personas cada domingo, y deshacen cada lunes.
Y las usé durmiendo.
Advertisement